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Educar con el ejemplo

Por Manuel Loaiza Nuñez

Es un lugar común señalar que “La palabra convence, pero el ejemplo arrastra”. Tanto en la política como en la vida diaria esa frase constituye un axioma. La mayoría de quienes tenemos la experiencia de vida de la paternidad/maternidad la hemos aprendido a partir del método científico de ensayo y error.

Para quienes hemos tenido la oportunidad de ganarnos la vida, así sea de manera parcial, en la docencia, dicha máxima es hoja de ruta y línea de conducta; en tanto que para quienes, adicionalmente, tenemos la dicha de la paternidad/maternidad, es brújula infalible.

Por esa razón me llamó la atención que, al asistir a una escuela, de cuyo nombre no quiero ni acordarme –otro lugar común–, al ingresar a su estacionamiento recibí un boleto/comprobante que no tiene desperdicio didáctico, ya que el mismo presenta las características siguientes:

Anverso/Parte frontal: Boleto Estacionamiento, Cooperación $30.00, Folio No. 6146.

Reverso/Parte posterior: El Colegio no se hace responsable:

  • Por el robo total o parcial del automóvil.
  • Por los daños que le sean causados a su automóvil.
  • Por el robo de objetos dejados en el interior de su automóvil.

Al verlo, no pude menos que recordar el axioma mencionado. Igualmente, mi mente voló ante la posibilidad de materialización de un hecho dañoso. En el supuesto hipotético de un robo o daño, en cualquier lugar civilizado, se presupone la posibilidad de acudir ante la autoridad competente a denunciar el hecho. Esa es la razón de ser del estado de derecho: Servir de fuente de derechos y obligaciones, vía y mecanismo de acceso a la justicia, así como medio de solución de controversias.

En ese hipotético caso, en adición a otros requisitos formales, como acreditar la propiedad del vehículo y bienes denunciados, sería necesario acreditar las circunstancias de tiempo, modo y lugar en que presuntivamente acontecieron lo hechos denunciados y es allí precisamente dónde los medios probatorios empezarían a ser un tema de acto de fe antes que una prueba plena. Ello, debido a que el citado boleto carece de fecha y hora de ingreso, de domicilio y razón social del colegio citado.

Afortunadamente no sucedió ningún hecho negativo de los hipotéticamente viables de suceder. No obstante, no pude menos que agradecer a los dioses del olimpo entre ellos a Quetzalcóatl, que está tan de moda–, por tener la fortuna de no ser parte, por ahora al menos, de la estadística delictiva. Lo anterior, debido a que, en la eventualidad de su materialización, menudo problema probatorio iba a enfrentar al pretender ofrecer como prueba indubitada y más allá de toda duda razonable, el bendito boleto de ingreso al estacionamiento mencionado.

Adicionalmente, no deja de revolotearme en la cabeza la idea sobre la calidad educativa que reciben los alumnos en dicho centro educativo con un alto reconocimiento social; no obstante, la duda queda ¿Estarán tan preparados como suponemos los alumnos egresados de ese centro académico?, ¿Será realmente motivo de auténtico orgullo ser egresado de esa institución?, ¿Tienen conocimiento de esta circunstancia los padres de los alumnos de dicha escuela?, ¿Habrá habido ya algún incidente de esta naturaleza o sólo es una alucinación especulativa de quien esto escribe?; Usted, amable lector, ¿Qué piensa al respecto?