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Juego Sucio en Quintana Roo: La desesperación del Partido Verde por frenar a Rafa Marín

CANCUN, Q. ROO.- En la carrera por definir quién liderará la transformación en Quintana Roo, parece que a algunos ya se les olvidó cómo jugar limpio. Ahora que las encuestas dejaron claro quién lleva la delantera, el Partido Verde entró en pánico y decidió revivir las peores mañas de la vieja política.


La reciente jugada del Tribunal Electoral de Quintana Roo (TEQROO) de lanzarle medidas cautelares a Rafael Marín Mollinedo no es una simple decisión de rutina; es un golpe bajo, planeado por un grupo que sabe que ya perdió el apoyo de la gente y ahora quiere ganar a la mala, sobre la mesa.
Como los números nomás no les dan, se fueron por el camino corrupto de siempre. Es un secreto a voces en todo el estado que, ante la desesperación de ver cómo el proyecto de Rafa Marín crece cada vez más, la única salida que encontraron fue meter las manos en el tribunal para intentar quitarle la candidatura. Básicamente, están usando una institución que debería defender la democracia como si fuera un garrote político, buscando sacar del camino a quien no pueden vencer por las buenas.


Pero se les escapa un detalle importantísimo: esta trampa no va a pasar desapercibida ni en la dirigencia nacional de MORENA ni en Palacio Nacional. Antes de que empezara todo este proceso, las reglas que se dictaron desde arriba fueron clarísimas: cero golpes bajos entre compañeros y, sobre todo, prohibidísimo usar las instituciones del gobierno para sacar ventaja. Al usar al TEQROO para atacar a Marín, los operadores del Verde se están saltando las trancas y desafiando directamente lo que tanto ha pedido la presidenta.


Al final del día, usar a un tribunal para silenciar a tu rival no demuestra que tengas poder, sino todo lo contrario: deja ver tu miedo y tu falta de apoyo real.


Lo que está pasando en Quintana Roo es una señal de alerta para el movimiento. Con su berrinche por frenar a Rafa Marín a toda costa, el Partido Verde está ensuciando el proceso y jugando con fuego, arriesgándose a firmar su propia condena ante los ojos de quienes toman las decisiones definitivas en el país.