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Enjambre se adueña del Estadio GNP y hace vibrar a 65 mil fanáticos

La banda Enjambre vivió una noche llena de historia y miel desbordada por el amor de sus fans. Las gargantas desgarradas, diademas de abejas luminosas y 65 mil personas la acompañaron en su noche estelar en el Estadio GNP.

El quinteto zacatecano deleitó de principio a fin con un repertorio de 36 rolas y casi tres horas que resumieron sus 25 años de existencia. Fue su primera presentación en solitario en este recinto, luego de haber estado decenas de veces como invitados de otros eventos.

Miles se congregaron en las puertas del lugar horas antes del concierto para intercambiar freebies, regalos o recuerdos no oficiales que los propios asistentes elaboran y reparten de forma gratuita. Algunos regalaron fotos y selfies vestidos con botargas de abejas.

Pasadas las 21:30 horas, Luis Humberto Navejas (voz), Rafael Navejas (bajo eléctrico y coro), Julián Navejas (teclados y guitarra), Ángel Sánchez (batería) e Isaac Navejas (guitarra) entraron al escenario uno a uno, descendiendo unas escaleras luminosas. Arrancaron con Desfases, Ausencia de Cocina, En Tu Día y Dulce Soledad, una tras otra sin descanso.

“Hemos estado muchas veces aquí, pero nunca como hoy. Somos de Fresnillo y California, pero la Ciudad de México también es nuestra casa”, afirmó el vocalista justo antes de provocar gritos eufóricos con Intruso y Visita. Sus fans correspondieron a cada jugueteo con el micrófono y a cada movimiento de sus manos.

Luego de agradecerles por acompañarlos en todo tipo de recintos, “desde cocheras a estadios”, el líder del grupo encabezó los lamentos que provocaron Cobarde, Madruga y Ciencia de la Lluvia.

Luces dinámicas iluminaron los costados del escenario junto con pantallas donde proyectaron acercamientos a sus rostros y animaciones. Mientras la gente cantaba a todo pulmón Por esta razón, levantó el rostro hacia el cielo, como si le gritara a la luna llena que se coló sin boleto para escuchar a la agrupación, que cuenta con nueve discos de estudio.

“Pasé épocas en las que estaba muy deprimida y me alivianaba escucharlos”, comentó Vania, de 34 años, quien vestía una playera de rayas amarillas y negras junto a sus amigos y pareja.

Hacia la mitad del concierto, Divergencia hizo que los escuchas de Enjambre bailaran desde sus butacas. También aplaudieron el estilo crooner de Luis Humberto, suave, íntimo y susurrante, pero vibrante en notas altas.

La presentación recorrió su evolución musical en retrospectiva. Luego de Juguete y Nueve, dos de sus más recientes temas, cantaron Último Tema, Segundo Tema y Espalda de Bronce.

“Estuvimos por primera vez aquí en un Vive Latino en 2009. Es una noche llena de amor y para estar vivos”, declaró Luis Humberto antes de entonar Vivos, mientras miles de celulares encendían su flash. “Mi esposa María de Los Ángeles era de Zacatecas y súper fan. Desafortunadamente ella ya no está con nosotros. Falleció en diciembre”, contó Ángel, de 42 años, mientras sostenía una foto de su amada.

Violines, violonchelos y bongos se unieron a los de Fresnillo para un segmento que dedicaron a su gira-ensamble de éxitos Noches de Salón. Con ello, plasmaron sus influencias declaradas del bolero, mambo, chachachá y otros ritmos latinos.

Luego de Necrópolis, todo se oscureció, pero las abejas querían seguir zumbando y pidieron más melodías. Por ello, reaparecieron entre las sombras para cerrar la primera de dos noches seguidas con La Duda, Impacto y Somos Ajenos, ante un lleno total.