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Los destinatarios del mensaje

Sepa La Bola

Claudia Bolaños

Sepa La Bola cómo se sintieron algunos integrantes del Consejo General del INE ayer, cuando la mayoría de las consejerías respaldó las palabras de Guadalupe Taddei. La presidenta no mencionó nombres, pero la alusión fue interpretada como dirigida a Carla Humphrey, Arturo Castillo y Martín Faz, por sus descalificaciones públicas a decisiones con las que no están de acuerdo.

La pregunta para los tres es inevitable: ¿por qué presentar sus desacuerdos como fallas del Instituto? Pueden objetar y votar en contra; lo que exige argumentos es sostener que el INE perdió capacidad porque sus propuestas no alcanzaron la mayoría. La colegialidad también se demuestra cuando se reconoce una decisión adversa.

Taddei, además, respaldó al personal del INE. Las diferencias entre las once consejerías no pueden poner bajo sospecha el profesionalismo de miles de personas que hacen posibles las elecciones. Defender una posición propia no debería terminar debilitando a la institución que tienen la responsabilidad de conducir.

También llamó la atención que Rita Bell, Carla Humphrey y Blanca Yahaira no expresaran solidaridad con su compañera, la consejera Frida Gómez, quien denunció amenazas contra su integridad física y la de su familia. Las diferencias en las votaciones pueden ser profundas, pero respaldar el derecho de una colega a decidir sin intimidación debería ser un punto de coincidencia. Esta vez, ese respaldo no se escuchó.

La consejera puso sobre la mesa un asunto que rebasa la controversia electoral: las campañas de desprestigio contra quienes toman decisiones públicas. Advirtió que el cuestionamiento al árbitro puede transformarse en ataques personales y que, cuando la presión busca inhibir la libertad de deliberación y voto, deja de ser una disputa política para convertirse en una amenaza a la independencia institucional. En ese contexto, reveló que ha recibido amenazas graves y directas contra su integridad física, las cuales también alcanzaron a integrantes de su familia. Aseguró que están documentadas y que recurrirá a las vías institucionales y legales correspondientes.

El mensaje de Gómez fue también una advertencia sobre los límites de la confrontación: la crítica y la discrepancia son parte de la democracia, pero las amenazas no pueden normalizarse ni confundirse con la libertad de expresión. Su compromiso, dijo, es continuar resolviendo los asuntos conforme a la Constitución, sin permitir que el temor determine sus decisiones. La discusión sobre las boletas planchadas podrá seguir en el terreno jurídico y político, pero el desafío de fondo es garantizar que quienes integran el órgano electoral puedan deliberar y votar sin intimidaciones.

Y Sepa La Bola cómo es que los usos y costumbres siguen colocándose por encima de la ley, como ocurrió este fin de semana en Xonacatlán, Estado de México, durante la fiesta patronal en honor a San Francisco de Asís. Nos cuentan que el presidente municipal no autorizó la quema de cohetes ni de otros artefactos explosivos para las celebraciones; sin embargo, la prohibición no impidió que los entusiastas de la pirotecnia sacaran la cartera para financiar el espectáculo. Más de un centenar de enormes toritos multicolores hicieron las delicias de quienes disfrutan estas alegorías, como si la tradición bastara para dejar de lado las disposiciones de la autoridad.

Llama la atención que una costumbre se utilice para justificar el incumplimiento de las restricciones, incluso cuando están relacionadas con la seguridad. La pirotecnia no es un asunto menor: una chispa fuera de control puede convertir la celebración en tragedia. México tiene antecedentes dolorosos de explosiones que han cobrado vidas, como la ocurrida el mes pasado en Santa María Canchesdá, municipio de Temascalcingo, también en el Estado de México, con un saldo de al menos 11 personas fallecidas y más de 60 lesionadas.