Cuánto se divierten los niños y la gente mayor con la puesta en escena de Moby Dick, que lleva ya muchos años circulando en diferentes escenarios y que tiene la intención de fomentar la lectura de libros y encontrar en ello un juego y una experiencia vital.
Moby Dick es una propuesta escénica que combina, danza, teatro, títeres y mucha acción. Su directora Erika Méndez, coreógrafa y bailarina, hace una adaptación libre, tomando fragmentos de la novela de Herman Melville, recreándola con bailarines y actores y recursos escénicos que nos hacen sumergirnos en las aventuras de los marineros y en otras historias que al inicio nos muestran para demostrar cómo lo que se lee en un libro adquiere vida y las letras se vuelven personajes con nuestra fantasía.
Para atrapar al público, la obra empieza cuando pasan adelante a una persona del público que no le gusta leer y trae, casi pegado en la mano, su celular. Una niña le muestra un libro y al escoger diversos cuentos los escenifican estando él como protagonista. Y ahí está el mago con La espada en la piedra, Los tres mosqueteros y La Cenicienta. Si bien no es una obra que alecciona, sino que invita y motiva a la lectura y al acto de imaginar, una Cenicienta trans no debería verse como “normal” al ser rechazada, ni tampoco al aceptar dinero como soborno, a cambio de bailar con ella.
Es sobresaliente la gracia de los actores, y su capacidad como la de la directora de hacer participar al público que después no deja de comentar, opinar, reír y jugar. Niños y adultos entran al juego donde los actores preguntan, piden opiniones, saltan a las butacas, hacen cosquillas y vuelven al escenario en medio de la algarabía.
La persona que estaba entre el público y salta al escenario, descubrimos después que es parte del equipo de actores y que actúa con naturalidad convirtiéndose en Ismael, el protagonista y narrador en Moby Dick. En la obra también hay un narrador con la buena voz en off de Gabriel Pingarrón, y es Ismael el que nos lleva desde el momento en que va a alistarse en el barco como marinero hasta el enfrentamiento con la ballena blanca.
Los recursos escénicos son eficaces y variados. El cuerpo es el principal, y juegan con él haciendo gags de repetición de movimientos, equivocaciones o ingeniosos juegos de palabras con los que provocan las risas del público. Los actores son ágiles y bailan en el escenario. Distintas coreografías nos dan la sensación de que los marineros navegan en el barco; se pierden y llegan a una isla de piratas.
El elenco está integrado por Ángel Lara Martínez, Diego Martínez Villa, Frida Ríos Méndez, Carla Eugenia Rodríguez Torres, Lucio Jiménez Cacho Goded y César René Pérez Maldonado.
En el escenario, un gran plástico azul hace las veces del mar cuando lo agitan y están arriba o abajo. Son ellos y al mismo tiempo hay unos títeres como los de una barca con sus tripulantes para mostrar la tempestad y la ballena que los ataca; chorros de agua hacen las veces de la respiración del cachalote, y los actores pueden ponerse unos aditamentos en la cabeza como si fueran las pirañas que bajo el mar atacan a la tripulación.
Con la iluminación, diseñada por Sandra Ureña y la música original de Julio Ordoñez, nos adentramos aún más en este juego lúdico y ambientes fantásticos donde sucede la historia del clásico de Melville.
Moby Dick se presenta en el Teatro Helénico hasta el 1 de marzo y forma parte del programa de Fomento a la lectura. Los actores dan vida a los personajes de un libro de aventuras invitando a los niños a leer y a hacer que las historias existan a través de su imaginación.





















