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México precursor de los derechos humanos y de la democracia

Manuel Cifuentes Vargas

De México para el mundo. México fue el primero, con el consenso hemisférico americano, en proponer la consagración de los “derechos humanos” y la “democracia” como principio fundacional del nuevo orden internacional de la posguerra, en Chapultepec en 1945. Sí, México fue un adelantado en la década de los años cincuenta al pedir que se reconocieran los “derechos humanos” y que se adoptara la instalación de la “democracia” en el mundo. La invitación la hizo a mediados del siglo XX, al momento que se estaba fraguando la Carta Constitutiva de las Naciones Unidas. Pero finalmente el planteamiento relativo a la “democracia” no cristalizó, raramente no por oposición de la mayoría, sino en este caso, por impedimento de la minoría numérica; pero ésta de mucho peso en aquel tiempo. Por lo visto, a veces las minorías sí cuentan mucho y son definitorias, dependiendo de su jerarquía y carácter en la geopolítica del mundo.

Y no se piense que este obstáculo vino de los Estados Unidos de América, sino del Reino Unido y de la entonces Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS). Curiosamente, en el terreno político el primero demócrata y el segundo no; y en el renglón ideológico, el primero considerado como de derecha y el segundo de izquierda; o lo que para estos efectos es lo mismo, uno capitalista y el otro socialista; pero al final del día los dos imperialistas, aunque con distinto ropaje, en aquel momento. En aquel tiempo, aunque ya venía a la baja, el Reino Unido todavía con importantes países colonias en varias partes de los continentes; y la URSS, por su gobierno de corte dictatorial, y dada su creciente expansión del mismo tono político ideológico por el mundo. Y pues así, cómo iba a prosperar la idea de que en la Carta fundacional del organismo mundial que estaba naciendo, apareciera la “democracia” como un principio, valor, estandarte, programa a fomentar, seguir y a trabajar para su instauración en el mundo.

Así, en aquel tiempo, contexto y praxis política mundial, México quedó como un romántico heraldo de la “democracia”, toda vez que ambos países potencias de la real politik la censuraron, y se resistieron a que se pusiera por escrito el vocablo “democracia” en el acta de nacimiento de la ONU; es decir, en la Carta de San Francisco, en los Estados Unidos de América, aprobada el día 25 y firmada el 26 de junio de 1945. Fue tal el peso de la traba que, en esta Carta inaugural de las Naciones Unidas, la voz “democracia” nunca aparece como sustantivo y ni siquiera como adjetivo, o ya por lo menos con alguna otra expresión alusiva a este concepto. En otras palabras, en ella no se habla de “democracia”, pues solo se centró en la paz y la seguridad internacional.

Cabe advertir, y ya lo apuntamos en el primer párrafo, que la proposición de México de aquellos años no se concretaba puramente a la “democracia”, sino que la oferta tenía dos notables contenidos: el reconocimiento, adopción, protección y promoción de los “derechos humanos” y el de la “democracia” en la Carta creativa de la ONU.

Lo que sí se logró, fue que la Carta se enmendara para incluir y elevar a esta categoría la locución relativa a los “derechos humanos”. De esta manera, México se convirtió en el pionero, paladín y adalid de los “derechos humanos” y de la “democracia” en el mundo, al abanderar la inserción de ambas expresiones en la creación de la Carta del citado organismo mundial, aunque, reitero, nada más se consumara y prosperara la de los “derechos humanos”, al quedar inscritos en el texto de la Carta de referencia. Pero esto, valga subrayarlo y destacarlo, ya fue un trascendental paso y avance.

Pero empecemos en la línea del tiempo. Es importante mencionar, como antecedente inmediato, que previo a la fundación de la ONU, a invitación de los Estados Unidos se reunieron del 21 de agosto al 7 de octubre de 1944, los Estados Unidos de América, el Reino Unido, la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas y China, en la Mansión Dumbarton Oaks (propiedad privada de la Universidad de Harvard), en Georgetown, Washington D. C., con el objeto de elaborar un proyecto oficial para la instalación de un organismo que mantuviera la paz y la seguridad internacionales. Ahí se cocinó y de ahí salió el documento titulado “Propuestas para la creación de una organización internacional general”, el cual vino a ser el proyecto directo de la Carta de fundación de la ONU.

Importa advertir para el propósito de este artículo que, si bien se contempló la idea de agregar ambos conceptos, el documento diseñado por las cuatro potencias no contenía lo relativo a los “derechos humanos” ni a la “democracia”, como ya se dijo, por oposición del Reino Unido y de la URSS. Es esta la razón por la que en la Carta no aparece específicamente la palabra “democracia”. De ahí que el propósito original de Dumbarton Oaks solo haya quedado anclado en la esfera de la paz y la seguridad internacional.

La URSS se opuso arguyendo que, si se ponía el término “democracia” en la Carta, la ONU, ésta quedaría en condiciones de intervenir para determinar qué es democracia y qué no lo es. Y eso daría pauta para que se pusiera en la mira al régimen soviético de partido único. El Reino Unido por su parte, tenía el mismo temor en su situación de imperio que ejercía. Winston Churchill argumentó en los debates internos que, si la Carta consagraba a la “democracia” como requisito, la ONU tendría el soporte legal para exigir elecciones y autonomía en las colonias británicas de Asia, Africa y el Caribe. Expresó: “Hemos entrado en guerra para defender al Imperio, no para someterlo a un examen democrático”. Por eso el Reino Unido solo aceptó la fórmula vaga de “gobierno propio” para territorios no autónomos, pero no la de “democracia”. Fue así como por la censura, discriminaron a la “democracia”, no aceptándola desde los propios orígenes del proyecto, por lo que fue excluida la cláusula democrática de la Carta que instituyó a la ONU.

Valga indicar que los días 11 y 12 del mes de julio de 1944, antes de que se reuniera y conociera el proyecto de Dumbarton Oaks, se entrevistaron los entonces Secretario de Relaciones Exteriores de México y el Secretario de Estado de los Estados Unidos de América, en Washington D. C. y, aunque el memorándum está fechado el día 12, dos días después, éste último le envió el citado documento con el carácter de confidencial, compartiéndole los estudios para crear una nueva organización internacional, solicitándole su punto de vista. Esta atención quizá se haya debido a la cercanía, amistad y reconociéndole liderazgo en América Latina, buscando el apoyo de México.

De esta entrevista y documento, se derivaron dos documentos de México a los Estados Unidos: El primero denominado “Proyecto para la Constitución de una Unión Permanente de Naciones”, también conocido como “Proyecto de México” del 5 de septiembre de 1944, en el que se propone un proyecto de tratado constitutivo para la futura ONU, incluso antes de que se conociera el texto de Dumbarton Oaks, en el que ya iba la idea de los “derechos humanos” y la figura de un órgano garante de los mismos.

Más adelante, como los Estados Unidos querían conocer la opinión de los países de América ya específicamente sobre el documento de Dumbarton Oaks, de inmediato lo envió a los países latinoamericanos para su consulta. A partir de este momento es cuando México genera el segundo documento llamado “Opinión de la Secretaría de Relaciones Exteriores de México sobre el proyecto de Dumbarton Oaks”, igualmente llamado comentarios al proyecto de Dumbarton Oaks, del 31 de octubre de 1944, en el que se señala que adolece de la evocación de los “derechos del hombre” por lo que propone incluir una mención de éstos como principio, que se incorpore una declaración de los mismos y se cree un órgano especializado y permanente garante de estos derechos; propuestas que después llevaría y sostendría en la reunión de Chapultepec en febrero de 1945, y que más adelante las defendería en San Francisco.

Es por esto, por lo que se puede decir que la primicia de los “derechos humanos” es de México desde el 5 de septiembre de 1944; esto es, que la idea por parte de México nace en ese año en la respuesta de México a los Estados Unidos en relación con el documento de Dumbarton Oaks, formalizándose después en la reunión de Chapultepec y San Francisco, elevando el estatus de los derechos humanos, aunque hayan quedado meramente en enunciaciones generales en la Carta.

Ahora bien, es importante resaltar que en este contexto y ante las secuelas que había dejado la guerra, así como con el fin de definir la posición que debía adoptar, el papel que debía jugar y el rumbo que debía seguir América dentro del nuevo orden internacional de la posguerra que se diseñó en Dumbarton Oaks, tendiente a su participación en la futura organización mundial de países, el 10 de enero de 1945, unos meses después de la reunión de Dumbarton Oaks, México convocó a la “Conferencia Interamericana sobre Problemas de la Guerra y de la Paz”, más conocida como “conferencia de Chapultepec”, por haberse llevado a cabo en el Castillo de Chapultepec en la Ciudad de México, de ahí el nombre de la Conferencia, misma que se celebró del 21 de febrero al 8 de marzo de 1945, en la cual participaron 20 países de América.

En este evento, Estados Unidos presentó el proyecto de Dumbarton Oaks, el que, como acabamos de decir, no contenía lo concerniente a la “democracia” y a los “derechos humanos”. Sin embargo, en el “Acta Final de la Conferencia Interamericana sobre Problemas de la Guerra y de la Paz”, el consenso general fue adoptar por unanimidad el principio de que la “democracia” y “los derechos humanos” son vitales para la paz. Así, la Declaración de México en sus resoluciones XI dice lo siguiente: “Los Estados americanos reiteran su ferviente adhesión a los principios democráticos, que consideran esenciales para La Paz de América”; y en la XL denominada “Protección Internacional de los Derechos Esenciales del Hombre”, expone que la futura Carta de la ONU incluya una declaración de estos derechos. De esta forma quedó plasmada la afirmación de la fe democrática y de los derechos humanos como ofrecimiento para el futuro cuerpo normativo del nacimiento de la ONU.

De esta manera, México no solo fue el país anfitrión, sino asimismo el articulador de estos posicionamientos. Así es como México hace suyo ese principio y lo lleva a San Francisco apoyándose en el citado consenso de Chapultepec, con el acompañamiento de algunos países latinoamericanos. Los 20 países participantes en esta Conferencia de Chapultepec fueron Bolivia, Brasil, Colombia, Costa Rica, Cuba, Chile, Ecuador, El Salvador, Estados Unidos de América, Guatemala, Haití, Honduras, México, Nicaragua, Panamá, Paraguay, Perú, República Dominicana, Uruguay y Venezuela. El único país que no participó fue Argentina, dada su posición pro-Eje de ese tiempo.

Con esta bandera de avanzada para su tiempo, aunque con un acompañamiento diferenciado en esta ocasión, unificado en materia de derechos humanos pero no del todo en cuanto a la democracia, de los países latinoamericanos, México llega a San Francisco, en donde solicita formalmente que se incluyera una mención sobre los “derechos del hombre”, que se anexara una declaración de estos derechos y que se creara un órgano permanente de vigilancia sobre los mismos, con la intención de revertir la censura de Dumbarton Oaks; pero no prosperó lo tocante a la “democracia” por el veto político previo que tuvo la cláusula de la democracia en Dumbarton Oaks, el cual nuevamente se reflejó en la reunión de San Francisco.

Pero con excepción de la palabra “democracia”, que sufrió la censura antes indicada, fue gracias a la Conferencia de Chapultepec, que en el contenido definitivo de la Carta que instituyó a la ONU, sí se incluyera el respeto y promoción de los derechos humanos, en la cual se hacen siete menciones sobre el particular en el cuerpo normativo original, tanto en su preámbulo como en sus artículos 1.3, 13.1.b, 55 c), 56, 62.2 y 68, y en cuyos numerales igualmente quedó plasmado el mandamiento del establecimiento del sistema de la promoción y protección internacional de los derechos fundamentales, así como la de la Comisión de Derechos Humanos. Lo cual se consumaría el 16 de febrero de 1946 con la constitución de esta Comisión, y después, bajo su encargo de redactarla, con la “Declaración Universal de los Derechos del Hombre” emitida por la ONU el 10 de diciembre de 1948. Pero para que se invocara lo relativo a la “democracia”, el impulso fue más de México, apoyándose para ese efecto en el consenso hemisférico americano de Chapultepec.

Ahora bien, por el motivo del veto sobre la “democracia”, México habría de esperar tres años para que su propuesta madurara y entrara, si no en el ámbito de la ONU como fue su idea e intención original, sí por lo menos en el terreno continental al momento fundacional de la OEA, cuya Carta fue firmada el 30 de abril de 1948 en la IX Conferencia Internacional Americana, en Bogotá, Colombia, a la que se le conoce como Carta de Bogotá, misma que entró en vigor el 13 de diciembre de 1951, lo cual fue un primer, pero trascendental paso en el propósito de, por parte de todos los países, democratizar al mundo. Vale aclarar que, ciertamente el concepto amplio de “democracia” no se adoptó en la Carta de fundación de la OEA: pero sí lo hizo en el rubro electoral, al escribirse en la misma lo siguiente:

Artículo 5, inciso d): “La solidaridad de los Estados americanos…requiere la organización política de los mismos sobre la base del ejercicio efectivo de la democracia representativa.” De esta forma, se constituye en la primera consagración convencional de la democracia. Y de ahí para el real, se limpiaría y aplanaría el camino, con base en la reunión de Chapultepec donde empieza a aparecer el vocativo “democracia”, si no como sustantivo, sí como adjetivo en el sistema de la ONU, hasta llegar a la “Carta Democrática Interamericana”, cuyo artículo primero dice: “Los pueblos de América tienen derecho a la democracia y sus gobiernos la obligación de promoverla y defenderla.” A propósito de este pasaje de creación de la OEA, a mayor abundamiento sobre el mismo, es bueno anotar que ahí mismo se firmó la “Declaración Americana de los Derechos y Deberes del Hombre, anticipándose dos meses a la “Declaración Universal de los Derechos del Hombre de la ONU.

Tal y como ya lo hemos apuntado en otro espacio y momento, si bien en el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos adoptado por la ONU el 16 de diciembre de 1966 y el cual entró en vigor el 23 de marzo de 1976, no se usa fielmente la voz “democracia” como sustantivo, sí se empieza a vislumbrar ésta al utiliza la expresión “sociedad democrática” como adjetivo, en varios de sus artículos, con lo cual se empiezan a sentar los principios de la “democracia” en el Derecho Internacional. Y ya en la Resolución 1999/57 – Promoción del Derecho a la Democracia, de la Comisión de Derechos Humanos de la ONU, aprobada el 27 de abril de 1999, es cuando por primera vez aplica el sustantivo “democracia” en su título y texto, al reconocer en sus considerandos que la democracia, el desarrollo y el respeto de los derechos humanos y las libertades fundamentales, son interdependientes y se refuerzan mutuamente, y que la democracia se basa en la voluntad libremente expresada de los pueblos de determinar sus propios sistemas políticos, económicos, sociales y culturales y en su participación plena en todos los aspectos de su vida. Además de reconocer la riqueza y diversidad de la comunidad de las democracias del mundo. Asimismo, maneja expresiones como “sociedad democrática”, y sentencia estar dispuesta a asegurar a todos los pueblos los derechos y libertades democráticos fundamentales. Además, en su articulado dice que: “1. Afirma que la “democracia” favorece la plena realización de todos los derechos humanos, y viceversa.”

Y en la Cumbre Mundial de la ONU de 2005, en cuyo documento final aprobado el día 16 de septiembre de 2005, publicada el 24 de octubre de ese año, hizo su consagración universal. Aquí, por primera vez, los 191 Estados participantes aceptan que la “democracia” es un valor universal. Este, el de la “democracia”, es el eslabón que no se perdió, porque empezó a aparecer y a cristalizar en documentos posteriores. Y en este sentido, México fue la primera luz que empezó a alumbrar el camino que se abría de andar hasta su consumación y aparición formal en los documentos oficiales del sistema de la ONU.

No obstante toda esta rica, grandiosa y venerable historia de México, por los acontecimientos políticos difíciles y complicados que estamos viviendo, paradójicamente ahora resulta que el país vaya para atrás en estos dos temas, cuando que México fue el primero en hacer estas propuestas y pugnar para que se protegieran los derechos humanos y se instalara la “democracia” en el mundo como el mejor sistema de gobierno, y que para tal efecto y hacerlo más patente, además adecuó su artículo 3° constitucional para adoptarla, incluso ya no solamente como un régimen político jurídico, sino concibiéndola como todo un sistema de vida en el país. Hoy que lejos estamos de aquellos tiempos y postulados, en los que se abandona y retrocede la idea progresiva de estos temas, cuyo objeto es ver y caminar siempre para adelante; nunca para atrás, porque la línea física del tiempo, que también debe ser la del humano y la de los países, inexorablemente siempre avanza para el frente; nunca retrocede.

En efecto, en congruencia y consonancia con su propuesta de avanzada, después de la adopción de la Carta que constituyó a las Naciones Unidas, México reformó el artículo 3° constitucional, en la que se incluye a la “democracia”, cuya modificación se publicó en el Diario Oficial de la Federación el 30 de diciembre de 1945. Así es como el texto actual del artículo 3° fracción II, inciso a), literalmente considera “… a la democracia no solamente como una estructura jurídica y un régimen político, sino como un sistema de vida fundado en el constante mejoramiento económico, social y cultural del pueblo”.

Finalmente, y a manera de conclusión, van estas últimas líneas. México dio el primer paso al plantear la instauración de la democracia en el mundo, y para dar el ejemplo, adicionó el artículo 3° de su Constitución Política, a fin de contemplarla ya no exclusivamente como un proceso electoral, sino, con una visión integral, ahora como toda una forma y estilo de vida. De esta manera, México no únicamente fue un anticipado en la internacionalización oficial de los derechos humanos en el sistema de la ONU, cuya “Declaración Universal de los Derechos del Hombre” se dio en 1948, sino también, en el mismo sistema mundial y al margen de que no se haya aceptado en el acta de nacimiento de dicho organismo mundial, igualmente fue el primero en exponer que formalmente se instituyera la universalización de la “democracia” a través de la Carta que fundó a la ONU. La declaración universal y la comisión, como órgano garante, son la materialización de las propuestas originales de México. A grandes pinceladas, esta es la biografía dibujada de la participación de México en la creación de la ONU.