En Morelos, el crimen organizado cobra cuotas hasta “por vivir” en comunidades como Huautla, en el municipio de Tlaquiltenango, y las amenazas contra integrantes del clero han obligado a abandonar parroquias ante el avance de la violencia, denunció el obispo de Cuernavaca y presidente del Episcopado Mexicano, Ramón Castro Castro, durante la XII Caminata por la Paz realizada este sábado.
“Mentir sobre la realidad también es una forma de violencia”, afirmó el jerarca católico al acusar que las cifras de inseguridad son maquilladas mientras Morelos enfrenta feminicidios, extorsiones, homicidios, desapariciones y reclutamiento de menores por parte del crimen organizado.
La movilización reunió a miles de personas vestidas de blanco que recorrieron calles de Cuernavaca en un ambiente de oración y llamados a la paz. El contingente partió de la parroquia de Nuestra Señora de los Milagros, conocida como el santuario de Tlaltenango, ubicado al norte de la capital, y era encabezado por familiares de víctimas de desaparición y homicidio, así como por ciudadanos que exigieron seguridad y justicia.
A lo largo del recorrido se escucharon cantos y música religiosa, mientras los asistentes avanzaban en un ambiente de armonía y llamados a la paz.
Al llegar a la parroquia de San José El Calvario, Ramón Castro realizó una oración dedicada a madres de personas desaparecidas, reconoció la labor que realizan en la búsqueda de sus familiares y pidió no dejarlas solas frente a la violencia y la impunidad.
La caminata concluyó en el atrio de la Catedral de Cuernavaca, donde, ante miles de asistentes que recorrieron calles de la ciudad, Castro Castro emitió un pronunciamiento en el que detalló que Morelos ocupa el primer lugar nacional en percepción de inseguridad; el segundo lugar en homicidio doloso; el primer lugar en feminicidios; el primer lugar en violencia política, y el décimo lugar nacional en reclutamiento de menores por grupos criminales.
Además, afirmó que nueve de cada diez morelenses se sienten inseguros viviendo en la entidad.
“El pueblo ya no acepta narrativas falsas cuando se declara la paz mientras el 90 por ciento de los morelenses tiene miedo de salir a la calle. Eso no es gobernar. Eso es ofender la inteligencia del pueblo”, expresó.
Durante su mensaje, el obispo sostuvo que la violencia dejó de ser “una noticia aislada” para convertirse en una realidad cotidiana que afecta a familias enteras, comerciantes, transportistas y jóvenes.
También señaló que México registra casi 133 mil personas desaparecidas y acusó que el dolor de las víctimas es minimizado o utilizado políticamente.
“Cuando las cifras se manipulan o el sufrimiento se convierte en herramienta política, se vuelve a herir a quienes ya están cargando demasiado peso”, sostuvo.
Castro Castro denunció además el incremento de las extorsiones y del cobro de derecho de piso en municipios del oriente y sur de Morelos, donde —dijo— comerciantes llegan a pagar cuotas a más de un grupo criminal para poder trabajar.
En su mensaje, el obispo dedicó un apartado a la situación de Huautla, comunidad del municipio de Tlaquiltenango que describió como una de las regiones más afectadas por la pobreza, la migración y la violencia criminal.
Aseguró que en esa comunidad grupos delictivos cobran cuotas incluso por habitar una vivienda y señaló que las amenazas contra el sacerdote Rutilo Virgilio obligaron a suspender actividades en la parroquia de San Francisco de Asís y provocaron la salida del religioso para proteger su integridad.
Castro Castro afirmó que la comunidad quedó sin atención religiosa y sostuvo que el caso refleja el nivel de intimidación y control que organizaciones criminales ejercen en algunas regiones del estado.
“El crimen organizado no solo ha extorsionado a esa gente, ha apagado la última luz que les quedaba”, expresó.
El obispo también alertó sobre la situación de los jóvenes y afirmó que Morelos registra la segunda tasa más alta de deserción escolar en bachillerato a nivel nacional, situación que —dijo— facilita el reclutamiento de adolescentes por grupos criminales, incluso mediante redes sociales.
Asimismo, se refirió al asesinato de Sandra Rosa, delegada y activista de Temoac, quien meses antes había denunciado públicamente, ante la gobernadora de Morelos, Margarita González Saravia, la situación de inseguridad y las presuntas redes de extorsión que operaban en la región.
El obispo cuestionó las condiciones de seguridad para quienes denuncian actividades delictivas y advirtió sobre los riesgos que enfrentan líderes sociales y autoridades comunitarias.
“¿Cómo construir la paz cuando quienes denuncian el mal son los primeros en caer?”, preguntó.
Durante la caminata, Castro Castro planteó cinco compromisos para enfrentar la crisis de violencia e inseguridad: colocar a las víctimas y a las madres de personas desaparecidas en el centro de las decisiones públicas; asumir una responsabilidad compartida entre sociedad y autoridades; impulsar procesos de largo plazo; no guardar silencio frente a las injusticias, y construir una “esperanza organizada y perseverante”.
En ese contexto, pidió a autoridades estatales, municipales y federales reforzar el apoyo institucional a madres buscadoras, garantizar seguridad para transportistas y comerciantes víctimas de extorsión, y evitar que comunidades como Huautla permanezcan bajo control del crimen organizado.
A lo largo de su mensaje, Castro Castro insistió en que la Iglesia no busca confrontarse con las autoridades ni asumir una postura partidista, sino exigir acciones frente a la violencia y acompañar a las víctimas.
“Mis hermanos, hemos de pasar de la indignación a acciones concretas. La paz necesita estructuras, no solo emociones. Después de 12 caminatas, sería muy doloroso que todo esto terminara únicamente en aplausos, fotografías o buenos sentimientos. El sufrimiento de nuestro pueblo merece mucho más que emociones pasajeras; merece decisiones, procesos y compromisos reales”, señaló.
El obispo sostuvo que la paz “no se improvisa” y pidió construir soluciones de largo plazo basadas en verdad, justicia y colaboración entre sociedad y autoridades.
En la caminata participaron parroquias, colectivos de víctimas, organizaciones civiles y ciudadanos que recorrieron calles de Cuernavaca con mensajes y consignas por la paz.












