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Se va Taddei, pero ahora debe sustituirla alguien que ofrezca confianza y certidumbre para el INE.

Por Víctor Barrera

La desconfianza en el árbitro electoral simplemente es un factor que aumenta la incertidumbre hacía una nación como México, que a pesar de que se dice democrático, su gobierno muestra todo lo contrario.

Por ello era indispensable que si el problema se centraba en estos momentos en la actuación de los componentes de este arbitro era necesario realizar una poda que impidiera que el proceso electoral se siguiera empañando.

Por más que Guadalupe Taddei afirmaba “no voy a renunciar” o “que se enfríen las cosas” todo lo que sucedía alrededor de ella mostraba que ella estaba más ahí porque fue el oriundo de Macuspana quien la eligió, porque cumplía con lo que buscaba es decir “90 por ciento de lealtad y 10 por ciento de conocimiento”.

Pero aun si se sobrepasa el poder que se tiene, nada puede defender a lo indefendible y esto fue acumulándose poco a poco con la filtración de videos, fotografías y audios que mostraron Guadalupe Taddei, como presidenta consejera del INE, en una relación más allá de lo profesional con un proveedor del instituto, el cual fue beneficiado por varios contratos con sumas millonarias.

Esto por supuesto empañaba la actuación de Guadalupe Taddei, sobre la probidad de su persona, a pesar de que días anteriores, el área de comunicacional social del INE, distribuyó un comunicado afirmando que no estaba en duda la probidad de la consejera presidenta.

Al parecer la consejera se contagió de la mala forma en la cual muchos integrantes de la 4T se han dado a conocer y observando que no había sanción para esos integrantes, pensó que tampoco habría una para ella.

Pero una cosa es la confianza que se pierde ante funcionarios públicos, cínicos, que sonríen ante las acusaciones, sabedores que forman parte de la 4T y otra es que quien está al frente del árbitro electoral del país, quiera hacer los mismo porque esto aumenta la desconfianza hacia el instituto y pone en riesgo los triunfos de la misma 4T.

Porque no puede ser garante un árbitro que cada día demuestra que sus decisiones se basan a una ideológica cercana al partido que en estos momentos sustenta el poder en el país.

Y es que la historia del Instituto desde que se le otorgo su autonomía mostraba lo lógico, donde las discrepancias son los problemas de cada día, pero no se imponen decisiones unilaterales y la forma en la cual actuó Guadalupe Taddei mostró eso, un autoritarismo basado en su posición dentro del INE.

Desde su selección, derivada de la tómbola, y su marcado acercamiento a López Obrador, la hizo pensar que era insustituible y por ello fue criticado su trabajo dentro del INE, sumando algunos otros factores, como la cantidad de parientes que se encuentran dentro de la nómina del gobierno federal, pero lo que colmo el plato fue el acercamiento más allá de lo profesional con un proveedor del INE.

Esto provocó que las presiones ya no fueran solo de la oposición si no del grupo al que ella representaba sin pudor y este grupo decidió que lo mejor para evitar un mayor daño al movimiento, fue que renunciará, para evitar la pena de que fuera renunciada.

Para este 2027 no solo está en juego las 17 gobernaturas y aluna gran cantidad de alcaldías en el país, sino la composición de congresos locales y la cámara de diputados federal, que podría no ser tan favorable para Morena y aliados perdiendo con ello una fuerza importante, así como la posibilidad de seguir modificando la constitución para establecer las leyes que permitan la perpetuidad de ese movimiento en el poder.

Sale Guadalupe Taddei del INE y ahora le toca la poder legislativo, que con una abrumadora mayoría, elegir a quien asumirá la presidencia del INE. Pero deben tener cuidado en colocar a alguien que muestre también demasiado cercanía al movimiento, porque esto seguirá incrementando la desconfianza al instituto y por supuesto una incertidumbre para los inversionistas, que podrían dejar de invertir en México.

El INE no puede ser tomado como un organismo más, de los que desapareció López Obrador, porque de este depende el desarrollo y credibilidad democrática de México ante los ojos del mundo.