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Veinte años después, Guillermo del Toro y “El laberinto del fauno” regresan a Cannes

Hace veinte años, Guillermo del Toro estrenó “El laberinto del fauno” en el Festival de Cannes. Entró con nerviosismo. Era casi el final del festival y muchos periodistas ya se habían marchado. La producción de la película había sido una pesadilla.

Acto seguido, el público le dedicó una ovación de pie de 22 minutos, la más larga en la historia de Cannes.

Es un trayecto diario”, bromeó del Toro. “Eso es más o menos lo que tardo en ir de casa a la oficina. Alfonso Cuarón, que hizo esta película conmigo como productor, se giró hacia mí en un momento dado y me dijo: ´Déjalo entrar. Relájate´. Estaba muy tenso. No se me dan bien los halagos”.

Del Toro regresó a Cannes el martes para proyectar una versión restaurada de una de sus películas más queridas. Poco antes, se reunió con un periodista para una entrevista en un hotel de la Croisette, a pocos pasos del lugar donde su vida como cineasta cambió hace dos décadas.

Ambientada en la España franquista de 1944, “El laberinto del fauno” es un cuento de hadas exuberante que narra la historia de la joven Ofelia (Ivana Baquero), quien llega con su madre para vivir con su nuevo padrastro fascista, el capitán Vidal (Sergi López). La película transcurre principalmente en el norte de España y muestra a Del Toro en su faceta más terrenal e imaginativa.

Los libros cobran vida al sostenerlos. Las puertas se materializan a partir de un contorno dibujado con tiza. Y las criaturas —hadas, un fauno, el inolvidable Hombre Pálido, con ojos en las palmas de las manos— revelan un mundo de encantamiento más profundo y oscuro.

Del Toro, quien desde entonces ha dirigido “La forma del agua” y “Frankenstein”, reconoce que no se habría convertido en el cineasta que es hoy si no hubiera realizado “El laberinto del fauno”. En aquel entonces, era un cineasta respetado, pero poco conocido, responsable de “Hellboy” y “Blade 2”.

“Recibía todas las ofertas de Marvel de Avi Arad. Fue una decisión difícil hacer la película que nadie quería financiar”, dice Del Toro. “Fue una de las pocas veces en mi vida que tomé una decisión. Y la tomé una y otra vez porque todo lo que podía salir mal, salió mal; todas las puertas que podían cerrarse en mi cara, se cerraron en mi cara”.

Del Toro realizó “El laberinto del fauno”, que Cineverse y Fathom Entertainment reestrenarán en cines el 9 de octubre, con un presupuesto de 19,5 millones de dólares, el mismo que su película ganadora del Óscar a la mejor película, “La forma del agua”. Pero justo después de que Del Toro trasladara a su familia a España para el rodaje, un importante inversor se retiró.

“Le dije: Me quedo. Vamos a hacer esta película”, recuerda el cineasta.

Los incendios forestales en España supusieron otra complicación. Por muy exuberante y mágico que sea el bosque en “El laberinto del fauno”, se necesitaron meses de riego para que cobrara vida. “Cada árbol frondoso que ven, lo hicimos crecer”, dice del Toro. “Cada helecho lo plantamos nosotros”.

El icónico árbol de la película, sin embargo, fue obra del diseñador artístico Eugenio Caballero. Del Toro siempre ha sido reconocido por su maestría en el diseño de texturas, pero “El laberinto del fauno” incluye algunas de sus creaciones más memorables. En una época en la que la inteligencia artificial se abre camino en la industria cinematográfica, la belleza artesanal de la película destaca aún más.

“Creo que la gente sabe instintivamente cuando te has esforzado”, dice del Toro. “Perciben que la calidad del trabajo es importante para ti. No solo vamos al cine para ver el mundo. Vamos a ver un mundo que no reconocemos. Cuanto más original y artesanal sea el diseño, más se nota”.

“Para mí, el cine virtual no es tan interesante”, añade. “No estás buscando la casualidad. No estás buscando la humanidad”.

Nada es más humano en “El laberinto del fauno” que su joven protagonista. Baquero tenía solo 11 años cuando rodó la película, pero del Toro la describe como “la actriz más madura que he dirigido”. Baquero, ahora de 31 años, también asistió al estreno en Cannes.

“Durante el proceso de audición, no me trató como a un niño”, dice Baquero. “Me trató como a un adulto. Me puso mucha tarea. Me dio muchas referencias de películas, algunas de las cuales, como ‘La tumba de las luciérnagas’, eran muy oscuras”.

“El laberinto del fauno”, una fábula para mayores de 18 años con escenas de violencia sangrienta, no es apta para niños. Pero Baquero no fue ajena a ninguna de sus crueldades. Creció con “El laberinto del fauno”.

“Cada vez lo disfruto más”, dice. “Puedo distanciarme de la película y verla con otros ojos. Casi ya no me reconozco en ella. Bueno, sí me reconozco, pero fue hace 20 años”.

Tras su estreno en Cannes, “El laberinto del fauno” fue aclamada como una obra maestra y obtuvo seis nominaciones al Óscar, ganando tres (por fotografía, dirección artística y maquillaje). Pero Del Toro considera que su experiencia al proyectar la película para Stephen King fue “mi Óscar”. Viajó hasta Maine, llevando consigo sus rollos de película, para mostrársela al autor al que admiraba desde niño. “El hombre pálido lo dejó completamente desconcertado”, afirma Del Toro.

En “El laberinto del fauno”, existen fuerzas ocultas y eternas bajo tierra que perduran más que las plagas malignas que acechan en la superficie. Hay magia en el mundo, pero hay que saber dónde buscar. Dos décadas después, del Toro sigue creyendo en ello.

“Lo he experimentado en el mundo real. No con faunos, hombres pálidos ni hadas”, dice riendo entre dientes. “Pero he descubierto que cuando tu voluntad se alinea con la corriente vital del cosmos, suceden cosas extraordinarias. Cuando nadas contra la corriente, las cosas salen mal”.